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«Quienes lean este libro irán paseando, en cada lectura, por patios de luces, de cárceles, de colegios; realistas o distópicos; con pozos, con porteros entrometidos, con fiestas inolvidables, tragedias o anhelos con nísperos, limoneros, mandarinos o higueras, algunos de raíces obstinadas, y con un desfile de vecinas y vecinos que, como buenos personajes secundarios, tienen aquí sus momentos de gloria. Recorrerán en estas páginas corrales de comedia, patios acalorados, unos que salvan vidas y otros que acaban con ellas, patios codiciados, unos escritos en castellano y otros en catalán, con muchas macetas y vida propia. Este era el reto: poder saltar de patio en patio, ser otra persona durante unas cuantas páginas —una intrusa, quizá—, y observar luego nuestros espacios y cuerpos de siempre con ese desconcierto en la mirada de cuando se regresa de un viaje largo o de un sueño».
Esto cuento en el prólogo de PATIOS, la nueva antología del taller, que reúne 36 historias breves firmadas por participantes de los dos últimos cursos en The Patio y a distancia, la que nos emociona tanto y tantas ganas tenemos de compartir.
Aknavi escribe un relato en femenino, con elementos que recuerdan la obra de Orwel 1984, aunque el año que ella ha escogido es 2063. Un futuro distópico. Una historia humana. El relato comienza así: Por fin he conseguido el pase para el parque. Voy con mi sobrina, hace un mes cumplió diez años y cada día se parece más a su madre. Va con su monopatín ultraligero con luces de colores. No para de hablar. Mientras atravesamos la calle, aparece una nuebe de polvo densa y marrón, arrastrada por el viento, y pasa por encima de nostroas. No podemos ver nada y, a pesar de llevar las gafas protectoras con radiación infrarroja y las mascarillas FP-8, nos obliga a detenernos. Cuando llegamos al parque, pasamos a través de la cúpula de cristal: es muy seguro para los niños y pueden jugar juntos. Aquí dentro la pequeña puede saltar, gritar, correr y trepar.
El día que maté a mi marido ya era la tercera vez que lo hacía, y por la cara que puso, ese fue el último de sus pensamientos: no creerme capaz de semajante proeza. Pero así es la vida, a veces los buenos hacemos cosas malas para que los malos dejen de ocasionar daño a los más inocentes; cosa que no haría por mí, pero que encaré sin dudar para salvar a mis hijos. Así comienza el relato de Oliva, incluido en Patios, la antología de los talleres literarios de Ana Haro.
Malgrat el turisme creixent i l’arribada de tanta gent que hi vol anar a viure, les Illes Balears preserven encara el tresor de la continuïtat que podem resseguir a partir d’algunes famílies que ens serveixen de pretext per parlar també de la història de les Illes, dels seus costums, de les tradicions i de com s’han anat adaptant als canvis al llarg dels segles.Climent Picornell ens parla dels pobles del Pla de Mallorca, a l’estiu i a l’hivern. Arnau Company i Sebastià Serra han anat a veure la família Serra Magraner, situada a Sóller des de temps de Jaume I i propietaris del Grup Serra de comunicacions.Tomeu Canyelles i Sebastià Serra ens parlen del Monestir de La Real i del barri que hi ha anat sorgint i que ens permet resseguir la història de Mallorca i de Palma.Felip Cirer ens parla de diferents famílies eivissenques: els Francolí, una nissaga nobiliària; la família Marí Mayans, fabricants de licors entre Eivissa i Formentera; els Pascual, descendents del corsari Riquer; la família Roselló, pioners del turisme; i la d’Àngel Serra, una família dedicada al món de l’espectacle.Ja a Menorca, que és on hem centrar sa nostra atenció, la Llúcia Pons ens parla d’una nissaga de pagesos, els Bosch. Adolf Sintes, d’una nissaga de pescadors, els Reynés. I Miquel Àngel Limón, de la nissaga dels Taltavull. En aquest episodi, la Marta Cantamisa posa la veu al text d'Adolf Sintes i rememora tota una nissaga de pescadors vinculats a Menorca.